20 junio 2007

Crónica de una fiesta anunciada


Así salió Boca a la cancha: relamiéndose, esperando el pitazo final; esperando que arranque la fiesta del festejo, la fiesta del campeón.

La diferencia era clara, pero en el fútbol siempre se puede torcer la historia, siempre hay esperanzas. Estas mismas esperanzas se fueron diluyendo por propia acción -si así se le puede decir- del Gremio, que poco hizo para dar vuelta la final. Y encima, Gremio tenía a Boca como rival, tenía a Riquelme del otro lado. Si uno no se la juega, no hay fórmula milagrosa que levante un partido así.

Lo de Gremio fue muy poco fútbol, y algo de orgullo y dignidad. No tuvo más ocasiones que un tiro desde afuera en el travesaño, y un cabezaso en el palo -de Schiavi(?)-. Boca espero, se cerró bien de mitad hacia atrás, y confió en alguna contra para terminar de decretar lo que se veía venir.

Tres minutos necesitó Riquelme. Sólo tres minutos para cortar al Gremio cuando, por cantidad de gente en ataque, buscaba desesperadamente el descuento. El de los seis millones de pesos por cinco meses llevó la pelota al campo contrario y la pisó, y aguantó. La tuvo ahí, y no se le fue nunca, por tres minutos. Hasta que sacó un remate cruzado imposible para Saja, puso a Boca 1-0 arriba, y cerró con candado cualquier ilusión en Puerto Alegre.

Todo lo que vino después estuvo de más. Todo. El segundo gol, el penal errado por Palermo. Nada era trascendente. A partir del primer gol hubo un sólo equipo en la cancha, ni dignidad ni orgullo quedaba para el Gremio. Todos miraban a Ruiz y esperaban el silbato final.

Sexta Libertadores para Boca, y cuarta en ocho años, con una final perdida incluída. Puede llegar a entrar en discusión que muchas veces ganó sin hacer un buen juego, que muchas veces las pequeñas cosas del fútbol le soplaron a favor, que esos 17 campeonatos internacionales que se acreditan no son comparables con los 16 del Milan; pero nadie puede negar que este equipo tiene oficio, que sabe jugar partidos de ida y vuelta, que es un equipo con el que nadie quiere cruzarse en una llave. Nadie puede negar que a la hora de jugar la copa, Boca es Boca, y no es poca cosa.

1 comentario:

El Dedo en la llaga dijo...

Boca es un ejemplo, guste o no. A diferencia de River que ha hecho todo mal, Boca no derrochó plata en jugadores intrascendentes, no vendió a mansalva y se ocupó de traer un tecnico serio. Dejemos de envidiar y copiemos cuando algunos hacen las cosas bien. Asi debería ser el pais, en vez de criticar por envidia, construir a partir de ejemplos.